jueves, 22 de febrero de 2007

Colombia, entre el narco y los paras

Si el presidente Ernesto Samper va a pasar a la historia de Colombia por haber llegado al Palacio de Nariño con la ayuda financiera del narcotráfico, Alvaro Uribe corre serio peligro de ser asociado a los paramilitares. En cuestión de días fueron detenidos 8 congresistas oficialistas (un noveno está en fuga) por financiarlos o apoyarlos; la ministra de Exteriores, hermana de uno de ellos, tuvo que dimitir; y el que fuera jefe del DAS (servicio de inteligencia) durante el primer gobierno uribista, Jorge Noguera, acaba de ser detenido ante la sospecha de que proporcionaba listas a los paras de sindicalistas y trabajadores sociales, usadas después como objetivos criminales.

Desde el comienzo de su carrera política en Antioquia (capital, Medellín) el nombre de Uribe estuvo asociado a los paramilitares, las fuerzas organizadas en los años ´80 por los terratenientes para hacer frente a las diversas fuerzas guerrilleras que controlan buena parte del territorio nacional. Promovió las milicias conocidas como CONVIVIR, una especie de cooperativa privada de seguridad, muchos de cuyos miembros fueron acusados de cometer abusos y crímenes. Otros acabaron en las Autodefensas Unidas de Colombia, nombre que se dieron los paramilitares, y que cometieron algunas de las peores atrocidades en un país donde la violencia lleva décadas instalada en sus más diversas formas: guerrilla, narcotráfico, paramilitarismo, delincuencias varias.

Uribe, un político que se impuso al margen de los dos partidos políticos tradicionales (Conservador y Liberal), consiguió ganar las elecciones con su discurso de mano dura y promesa de pacificación del país. Terminado su primer período, el año pasado logró la reelección, previa reforma constitucional. Y lo hizo no solo superando los votos de la primera elección, sino consiguiendo el record de votación en la historia de Colombia, al lograr el 62,35 % de los votos. Su discurso populista prendió y le ha permitido altas dosis de popularidad. Ya se sabe: en épocas de crisis la mano dura rinde sus frutos. Pero esta vez el escándalo puede haber llegado demasiado lejos. Y podríamos estar ante la punta de un iceberg con consecuencias imprevisibles.

Colombia es hoy el principal aliado de EE.UU. en la región. Lo es desde hace tiempo, incluso antes del surgimiento de Chávez al otro lado de la frontera. Para Washington, Colombia es pieza clave en su estrategia regional contra el tráfico de drogas y la insurgencia. Dado el deterioro que ha sufrido la relación entre EE.UU. y Venezuela, cabe pensar que Uribe seguirá disfrutando del apoyo del norte. Pero la escena política interna corre peligro de convertir en un caos esta segunda presidencia de Uribe, cuando solo ha consumido un año de los cuatro que le corresponden. Y desestabilizar un país que, pese a todo, se mantenía al margen de los avatares institucionales de otros países de la región.

viernes, 16 de febrero de 2007

Reich-Ranicki

Han pasado 52 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero Alemania sigue tratando de reparar el inmenso horror que provocó el régimen nazi. El último ejemplo tiene un alto valor simbólico: el famoso crítico literario Marcel Reich-Ranicki acaba de ser investido doctor honoris causa por la Universidad Humboldt de Berlín, la misma que 69 años antes lo había rechazado por su condición de judío.

La Universidad, fundada por el sabio Wilhem von Humboldt en el siglo XIX, fue uno de los escenarios de los desmanes del Tercer Reich. Al otro lado de la calle, la famosa Unter den Linden, se perpetró la quema de libros, que ilustra la barbarie nazi.

Reich-Ranicki, unánimemente considerado como el gran crítico literario del siglo XX en lengua alemana, era hijo de una familia polaca que se había trasladado a Berlín cuando él todavía era niño. Deportado a Polonia, fue uno de los pocos sobrevivientes del ghetto, junto a su esposa. Pero toda su familia fue exterminada en Auschwitz. No pudo ingresar en la Universidad Humboldt de Berlín, donde quería estudiar filosofía, y ya nunca pudo cursar estudios universitarios.

Volvería a Berlín con las tropas que la liberaron. Después de un breve período al servicio de la diplomacia de su país de origen, Polonia, huiría nuevamente a Alemania, el de su cultura. Y allí se forjó una gran reputación. Las páginas del semanario Die Zeit y el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung le convertirían en un crítico respetado, influyente y temido. Consiguió también trascender al gran público y alcanzó enorme popularidad en su famoso programa televisivo Cuarteto Literario que, años después, en la ZDF, repetiría pero en solitario.

Su autobiografía es un apasionante relato de vida que ilustra no solo sobre la Alemania nazi, sino también sobre la posguerra. Esos años en los que la duda sobre el pasado de cada hombre adulto se instaló sin remedio. En una entrevista con la periodista Bettina Röhl, hija de Ulrike Meinhof, Reich-Ranicki recuerda cómo la que luego sería dirigente de la RAF (Fracción del Ejército Rojo, o banda Baader Meinhof) fue la primera periodista que le preguntó sobre su experiencia en el ghetto de Varsovia. Mientras Alemania y los grandes medios le ofrecieron la gran oportunidad de convertirse en lo que fue, de escribir lo que quisiera sin límites de tiempo o espacio, su condición de judío lo aisló socialmente.

Serían necesarios muchos años, nuevas generaciones, para que las heridas empiecen a cicatrizar. Lo notable es que Alemania sigue asumiendo como país su deuda con la humanidad con gestos como el de hacer honoris causa a Reich-Ranicki.

jueves, 15 de febrero de 2007

Más noticias de La Habana

Si algo enfrentó seriamente a los intelectuales latinoamericanos en las últimas décadas ha sido su posición sobre la Revolución Cubana. La mayoría de los grandes nombres la apoyó en un primer momento, aunque poco a poco fue sufriendo abandonos.

El primer episodio que produjo una ruptura importante fue el llamado "caso Padilla". Recordemos el caso: el poeta Heberto Padilla (1932-2000), había ganado en 1968 un importante premio a pesar de la oposición del régimen. Varios escritores del jurado resistieron las presiones de Armando Hart, entonces ministro de Cultura, con la anuencia de Nicolás Guillén. Pero en 1971 fue finalmente arrestado por "contrarrevolucionario". Tras un período en prisión fue obligado a una vergonzosa confesión pública dictada por la seguridad del Estado, frente a sus compañeros escritores.

"Dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución, nada", era la doctrina oficial en ese momento. El control sobre los intelectuales lo ejercía Raúl Castro en colaboración con el director de la revista Verde Oliva.

El "caso Padilla" y la salida de Cuba del embajador de Chile, el también escritor Jorge Edwards, (en "Persona non grata" narra el caso), dividió aguas y famosos escritores del boom como Vargas Llosa rompieron con el régimen. Fue una época dura para los intelectuales críticos en la isla, mientras los de afuera vieron en algunos casos recortado su prestigio literario por razones meramente políticas.

Se conoció como "Quinquenio gris" el que va de 1971 a 1976, cuando decenas de intelectuales fueron marginados no solo por sospecha de contrarrevolucionarios (promotores de diversionismo ideológico), también fue común la acusación de homosexualidad, que entonces era un crimen.

Lo interesante hoy es que la aparición televisiva de dos conocidos censores de la época, el teniente Luis Pavón y Jorge Serguera, ha provocado un intenso debate (y rechazo) entre los intelectuales de hoy. Primero fue a través del correo electrónico, después hubo reuniones entre intelectuales y autoridades, tanto del Ministerio de Cultura como de la UNEAC, Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Se llegó a celebrar incluso una conferencia-debate en la que participaron más de 450 escritores.

Coincidiendo con la Feria Internacional del Libro, que estos días se celebra en La Habana, el escritor César López, Premio Nacional de Literatura de 1999, defendió públicamente el reconocimiento de autores considerados hasta ahora como enemigos del régimen y cuyos libros no han podido ser editados en la isla. Lo hizo en presencia de Raúl Castro y del ministro de Cultura, Abel Prieto. Y mencionó a escritores como Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reynaldo Arenas, Moreno Fraginals o Gastón Baquero (por cierto, extraordinario poeta que trabajó hasta su muerte en Radio Exterior de España).

Hace años esta posición no hubiera sido permitida. Sabemos que el régimen cubano sigue fiel a sus esencias, no hay cambios substanciales. Pero es extraordinario que este debate se esté produciendo, con una participación tan amplia de intelectuales que viven en la isla y sin que haya reacción negativa de las autoridades.

lunes, 12 de febrero de 2007

Noticias de La Habana

Hace ya casi seis meses y medio que Fidel Castro se recupera en La Habana de una intervención quirúrgica de la que poco se sabe y mucho se especula. Periódicamente, el régimen emite unas imágenes de un octogenario Fidel y lanza mensajes positivos sobre su recuperación. Su hermano Raúl, que oficialmente asumió las riendas del poder, dijo el pasado sábado que sigue día a día mejorando. De creer al menor de los hermanos Castro, se le consulta, hace mucho ejercicio, tiene un teléfono al lado y lo usa bastante.

¿Ha habido un cambio con Raúl? Este pidió "discutir hasta la saciedad", aunque matizando que en el lugar adecuado, en el tiempo oportuno y de la forma correcta. A pesar de estas prevenciones, podríamos estar ante cierto aperturismo, pero de momento nada se nota.

Hablo de la cuestión con el escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, uno de las más conocidas figuras del exilio moderado, que desde hace décadas reside en Madrid. Y lo que me señala es que lo que está haciendo Fidel Castro, desde su lecho de enfermo, y simplemente con su propia presencia, es impedir que se tomen decisiones, ya que nadie quiere quedar en evidencia o sentirse desautorizado si Fidel retoma el mando. Me recuerda el caso del dictador portugués, Oliveira Salazar, que estuvo los dos últimos años de su vida física y mentalmente impedido, pero cuya sola existencia excluyó el menor cambio.

Siempre se distinguió entre dos exilios, el radical de Miami y el moderado de otros países, fundamentalmente España. Este, por cierto, minoritario. Y también se distinguió entre la oposición en el exilio y la interior, ésta muy reducida numéricamente y con pocas posibilidades de acción. Pero a medida que se acerca el "hecho biológico", eufemismo que algunos emplean para hablar de la muerte de Fidel, es evidente que hay un acercamiento de posiciones.

Por un lado porque los exiliados de la primera hora o han muerto o tienen la edad de Castro. En segundo lugar porque hacia el exilio también partió un importante contingente de hombres y mujeres que salió de la isla por razones fundamentalmente económicas y que reconocen algunos logros de la Revolución. Y en tercer término porque casi nadie quiere ya una revancha.

Una incógnita es saber qué actitud adoptará EE.UU. si Fidel muere antes de que Bush abandone la Casa Blanca. No menor es el interrogante si el inquilino en Washington es un presidente del Partido Demócrata.

La inspiración de una transición pacífica "a la española" sería el mejor escenario. Dejando que la población de la isla sea protagonista y evitando una intervención exterior, venga ésta de Washington o de Caracas.

sábado, 10 de febrero de 2007

Acuerdo en La Meca

El resultado de las elecciones legislativas de hace un año (25 de enero), que dieron la victoria al movimiento islámico Hamas, no solo fue un duro golpe a las posibilidades de un acuerdo negociado; también dio paso a un enfrentamiento armado entre las distintas facciones palestinas que ha llevado al caos sobre todo a la Franja de Gaza. Y que ha provocado 67 muertos desde el 25 de enero.

La victoria de Hamas supuso un boicot internacional de la ayuda extranjera a los palestinos, por su negativa a reconocer el derecho a la existencia del Estado de Israel, su rechazo a los acuerdos previos entre la OLP e Israel y su negativa a abandonar la violencia.

El acuerdo alcanzado en La Meca entre Mahmud Abbas, presidente palestino y cabeza de Al Fatah, y Khaled Mechaal, líder en el exilio de Hamas, y que está destinado a la formación de un gobierno de unidad nacional, no parece tener muchas perspectivas de futuro. Hamas no renuncia a la violencia; dice que respetará los acuerdos con Israel pero no se compromete a cumplirlos; y no hay reconocimiento explícito a Israel.

Esto supone una gran victoria para Hamas y el peor escenario posible. Aunque las primeras reacciones en EE.UU. y Europa son cautos, el resultado de lo negociado en La Meca no tiene nada que ver con lo que exigía la comunidad internacional: ningún gobierno palestino es aceptable si no hay un reconocimiento expreso de Israel. Y, por supuesto, tampoco puede haber un estado que recurra al terrorismo.

Lo peor de todo es que los moderados en el capo palestino se están quedando cada vez más solos. Y que la espiral de violencia sigue alimentándose de manera continua. Si faltaba combustible, ahí está la nueva crisis por las obras en la Explanada de las Mezquitas, una excusa para los radicales que dará que hablar.

En cualquier caso, ni siquiera es todavía una realidad ese gobierno de unidad nacional. Las partes se dieron nada menos que 5 semanas para llegar a un acuerdo sobre el reparto de poder. Y nada garantiza que antes se reproduzcan los enfrentamientos entre palestinos, como seguramente propiciarán los radicales, que dejen en papel mojado lo que se firmó bajo el auspicio del rey de Arabia Saudí.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Celebración en Caracas

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de celebrar por todo lo alto (miles de personas desfilaron en Caracas ante un Chávez con uniforme militar de combate) el 15 aniversario del fallido golpe de Estado del hoy presidente, cuando era todavía un oficial del ejército. Una asonada que acabó con la muerte de 14 personas, entre civiles y militares, aunque la prensa de la época habló de alrededor de medio centenar.

Es cierto que el golpe del ´92 fue consecuencia de un creciente malestar popular con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, que nada más asumir su segunda presidencia implementó una política de choque, con aumentos de precios que golpearon como nunca a toda la población, especialmente a los más desfavorecidos. En el caracazo de febrero del ´89 la gente salió a las calles para expresar también su rabia contra una clase política que consideraba ineficiente y corrupta.

Pero el rumbo de estos 9 años de gobierno chavista, refrendado en las urnas, eso sí, muestra un país en el que el autoritarismo, potenciado por el militarismo, avanza a pasos agigantados. Y en el que la situación social no ha mejorado de forma sustancial. A pesar de que el precio del petróleo de ha multiplicado varias veces, el gobierno no ha sabido aprovechar la oportunidad para plantar las bases de un desarrollo serio, prefiriendo el reparto clientelista de ayudas sociales.

Tras su reciente reelección, Chávez solicitó a la Asamblea Nacional poderes especiales para gobernar por decreto los próximos 18 meses. Una petición insólita teniendo en cuenta que todos los diputados son oficialistas, gracias al error cometido por la oposición que retiró sus candidatos alegando falta de garantías.

Para el premio Nobel de la Paz y de nuevo presidente de Costa Rica, Oscar Arias, estos nuevos poderes son la negación de la democracia, haciendo un símil interesante: "hay una diferencia sencilla entre un dictador y un demócrata; si el demócrata no tiene oposición, su deber es crearla, mientras que el sueño del dictador es eliminar toda oposición".

Los planes de Chávez de buscar la reelección indefinida y su cerco a los contrapesos que necesita toda democracia, sobre todo el poder judicial y la prensa, son extremadamente preocupantes. Con la justicia transitó ya el camino que antes que él recorrieron Menem y Fujimori, ampliando los miembros de la Corte Suprema de Justicia con magistrados a su servicio. Además, manejó a su antojo a jueces de niveles inferiores, merced a la discrecionalidad para mantenerlos como provisionales o despedirlos cuando no eran sumisos.

El acoso a la prensa no es menor. Según recoge un informe sobre el 2006 de Human Rights Watch, "una serie de leyes aprobadas desde fines del 2004 han creado onerosas restricciones sobre los medios de comunicación que plantean una seria amenaza a la libertad de expresión". Menciona, en concreto, la Ley de Responsabilidad Social en la Radio y la Televisión, que establece detalladas regulaciones para el contenido de los medios audiovisuales. Los términos más importantes de la ley, sin embargo, están definidos en forma vaga y genérica, invitando a la autoridad a una aplicación políticamente motivada.

El anuncio de la no renovación de la licencia al canal más antiguo de televisión, Radio Caracas Televisión, "por golpista", marca también un nuevo paso, que ha provocado protestas mucho más allá del propio país. Curioso argumento, por cierto (el de golpista) para alguien con el historial de Chávez.

En marzo del 2005 se avanzó un poco más al entrar en vigor las modificaciones al Código Penal que aumentaron las penas para el desacato, la difamación y la calumnia.

"Socialismo o muerte", es la nueva consigna del presidente venezolano. "La Revolución Bolivariana es pacífica pero no desarmada", dijo también Chávez. Ideas que se dan de patadas con un concepto moderno de la democracia. Y que ni siquiera sirven para una revolución en serio, al servicio de las necesidades populares. Luis Miquilena, el que fuera mentor de Chávez y mucho tiempo su ministro del Interior, habla de un gobierno dictatorial y un autoritarismo hipócrita.

El historiador Manuel Caballero me decía en un reciente viaje a Venezuela que el gobierno de Chávez todavía no es una dictadura, aunque tampoco es ya una democracia. Y ¿qué es ese socialismo del siglo XXI que pretende abanderar Chávez? Me parece útil acudir también a Manuel Caballero, un hombre de clara trayectoria en la izquierda, que termina su libro "La pasión de comprender" con esta pregunta sin respuesta: "Con el exterminio de nuestra economía, el despilfarro de nuestros ingresos; con la pobreza creciendo cada día al mismo ritmo que las dádivas que ya no serán posibles porque el dinero ha ido a dar a un tonel sin fondo; con los militares haciendo y deshaciendo, y con la nomenklatura bolivariana engordando sus cuentas numeradas, ¿a cuál modelo de socialismo se parece más el que Chávez propone?".

lunes, 5 de febrero de 2007

¡ Vuelve Menem !

El ex presidente argentino, Carlos Menem, anuncia a los 76 años su vuelta a la política y la intención de postularse nuevamente a la presidencia en las elecciones del próximo mes de octubre. Sin ninguna posibilidad dentro del justicialismo, ha tenido que crear un nuevo partido, Lealtad y Dignidad, para poder presentarse. Esto si no se retira antes, frente a la evidencia de que puede hacer el ridículo. En las últimas elecciones (2003) no quiso ir a la segunda vuelta ya que era evidente que podía sufrir una derrota humillante frente a Kirchner, pese a que él sacó un mejor resultado.

¿Qué impulsa ahora a Menem a volver ? Sólo hay una explicación, su afán desmedido y narcisista de protagonismo. Aunque no se prodiga por la calle para conocer el sentir popular, debe conocer, sin duda, que una reciente encuesta (septiembre de 2006) le otorgaba una imagen negativa del 86,5 % y sólo el 2 % expresó su intención de votarlo.

Estos datos indican que la memoria parece no haber abandonado aún a los argentinos que durante diez años (1989-1999) lo votaron reiteradamente, hasta que el espejismo de la estabilidad y el bienestar se vino abajo de manera dramática.

Que haya creado un partido al margen del peronismo no es extraño. El nunca fue peronista, aunque se crió en las filas del movimiento. Sus acciones de gobierno lo demostraron, aunque pretendiera encubrirlo con el argumento de que Perón hubiera hecho lo mismo. Es posible, Perón nunca fue tampoco un dechado de coherencia. Pero Menem se encargó, desde el primer momento, de dejar claro que lo suyo era otra cosa. O incluso la contraria. Su abrazo con el almirante Rojas y su alianza de facto con la familia Alsogaray, los más conspicuos representantes del gorilismo, no fueron sino una clara señal. Hacia el stablishment, para que lo admitieran en su club, reconversión ideológica mediante. Y hacia los peronistas de corazón, aquellos que recordaban a Evita, al Perón de su primer gobierno, que vieron abruptamente cómo el neoliberalismo en su versión más salvaje, sin anestesia, se convertía en la nueva política de ese presidente que había prometido revolución productiva y salariazo.

Para ello tuvo su propio Martínez de Hoz. Tuvo el honor de haber recuperado para la política al ilustre funcionario de la dictadura Domingo Felipe Cavallo. El mismo que estatizó la deuda privada en los estertores del gobierno militar. El mismo que en las postrimerías del gobierno de Alfonsín salió a pedir a los organismos internacionales de crédito que no auxiliasen a Argentina, provocando el desastroso colapso del primer gobierno de la democracia recuperada. El mismo que seguía cobrando un sueldo de la Fundación Mediterránea porque su sueldo de ministro no le permitía mantener su nivel de vida. El mismo que ató la moneda nacional al dólar. Y el mismo que se reenganchó con De la Rúa para acabar como todo el mundo sabe.

Y todo esto en medio de una corrupción generalizada, grosera y exhibida a todo color en las páginas de las revistas. Claro que la impunidad estaba asegurada desde el momento en que logró el propósito de copar la Corte Suprema de Justicia mediante el aumento del número de sus miembros. Julio Nazareno, jefe de policía en La Rioja durante la dictadura de Onganía y más tarde socio en el estudio jurídico del hermanísimo Eduardo Menem, será el presidente de esta Corte que asegurará al presidente que la justicia no sería un obstáculo a sus ambiciones de todo tipo.

El gobierno de Carlos Menem fue en un tiempo mimado en los ambientes internacionales, gracias sobre todo a las ventajosas condiciones que encontraron a la hora de hacerse con los saldos de las privatizaciones. Y también a sus condiciones de buen alumno frente a las exigencias de los acreedores. Pero parece que este nuevo intento de volver no constituye más que un patético esfuerzo por ganar un espacio que ya había perdido. En su exilio, Perón podía sentir el anhelo de las masas por su vuelta (Perón Vuelve, se pintaba clandestinamente en las paredes de Buenos Aires), pero a Carlos Menem nadie lo espera. Esa pesadilla ya se vivió.