miércoles, 25 de julio de 2007

Carta de un general israelí

Jerusalén.- Moshe Yaalon es un general del Ejército israelí en retiro, antiguo jefe del estado mayor, que hoy publica una carta abierta al enviado del Cuarteto, Tony Blair, en el diario Ma´ariv. Considero interesante hacer una reseña como aporte para entender el conflicto, con tantas aristas, intereses y enfoques. Afirma, por ejemplo, que es falsa la idea de que la solución al conflicto palestino-israelí es la condición para estabilizar Oriente Medio. Hay otros conflictos en la zona, añade, que no tienen nada que ver, como el que enfrenta al Islam jihadista con Occidente, a chiítas y sunnítas, persas y árabes, árabes nacionalistas e islamistas, etc.

Segunda idea: mucha gente en Occidente e incluso en Israel afirma que para solucionar el conflicto israelí-palestino se requiere concesiones territoriales por parte de Israel. En la situación actual, en la que el Islam jihadista es la fuerza emergente en la lucha contra Israel y Occidente, cualquier concesión isralí, territorial o de otro índole, en el marco de un acuerdo o hecho de forma unilateral, será el viento que hinche las velas del Islam jihadista. Estas concesiones no solo no ayudará a resolver el conflicto, sino que solo servirán para exacerbarlo. Lo probaría la retirada unilateral israelí de Gaza y del sur del Líbano.

No se entiende que el conflicto en la región no es territorial sino ideológico y que no se derrota una idelogía con concesiones territoriales. Una prueba es el fracaso de este enfoque antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando se intentó enfrentar de esta manera la ideología nazi.

El centro del problema entre israelíes y palestinos reside en que ningún liderazgo palestino está preparado para reconocer el derecho de los judíos a un estado, dice también este general israelí.

Una sociedad que inculca a su gente la cultura de la muerte es una sociedad con un mecanismo de autodestrucción. Véase sino Gaza. El movimiento nacional palestino es el movimiento nacional que ha recibido y recibe aún la mayor cantidad de apoyo político y financiero en el mundo, con estos resultados. ¿Qué han hecho los palestinos con los 7.000 millones de dólares que recibieron en los últimos años?, se pregunta el general israelí.

Propone Yaalon una estrategia de largo aliento que, básicamente, se aboque a reformas educativas, políticas y económicas, que puedan crear una sociedad civil que santifique la vida antes que la muerte, que defienda los derechos humanos y las libertades, que desarrolle una clase media y no una élite corrupta y millonaria. Y sugiere que no se gaste el dinero fortaleciendo a Abu Mazen (Mahmud Abbás, presidente palestino) ni a sus fuerzas de seguridad.

Para neutralizar el problema de los refugiados, por medios humanitarios, propone la creación de un fondo internacional que otorgue a cada familia una suma de dinero de entre 100.000 y 200.000 euros, a cambio de que renuncien a su estatus de refugiados.

En definitiva, afirma que el principal problema en la zona es el que enfrenta al Islam jihadista con Occidente. Y la ideología del jihadismo, asegura, no puede ser derrotada sin derrotar antes a los regímenes y organizaciones que la apoyan y alimentan.

lunes, 23 de julio de 2007

La difícil tarea de Blair

Jerusalén.- Algunos hablan de misión imposible. En la historia hay ejemplos de conflictos que han durado décadas y hasta siglos. Pero lo que no se puede negar es el reconocido entusiasmo y optimismo de Blair. Ni tampoco su éxito en otro conflicto que se enquistaba sin soluciones, como el de Irlanda del Norte.
Pero, efectivamente, el de Oriente Medio es la madre de todos los conflictos. Un primer dato a tener en cuenta es que actúa con un mandato reducido, el que le otorgó el Cuarteto, y que se reduce a cuestiones técnicas. Se le ha encargado la tarea de apoyo y fortalecimiento de la Autoridad Palestina y sus instituciones.
Aunque Blair seguramente querrá jugar un papel más activo, desde el punto de vista político y diplomático, los EEUU quieren tener el control absoluto sobre el desarrollo de los acontecimientos. E Israel no quiere intermediarios con los palestinos a la hora de negociar los asuntos de fondo: fronteras, estatus de Jerusalén y refugiados.
Está además el espinoso asunto de Hamas. El Cuarteto no quiere hablar con ellos e Israel lo consideraría inaceptable. Hamas ha pasado de rechazar el nombramiento de Blair (se mostraron indignados al considerarlo demasiado identificado con Bush), a advertirle que si los ignora su misión perderá credibilidad. Es más, Hamas dice ahora querer hablar con el ex primer ministro británico.
Pero el Cuarteto pretende justo lo contrario: anular la influencia de Hamas, para lo cual tienen que sostener a Mahmud Abbas y hacer creible y viable un gobierno palestino en Cisjordania. Unicamente la necesidad urgente de evitar una catástrofe humanitaria que ya es una realidad en Gaza, podría llevar a alguna forma de contacto con Hamas.
En cualquier caso Tony Blair está en una fase muy inicial de su trabajo. Este primer viaje a la zona es exploratorio. Viene a escuchar y a empezar a ganarse la confianza de las partes. Y uno de sus principales aliados va a ser Shimon Peres, otro incorregible optimista, dispuesto también a saltarse las reglas y los mandatos.
Claro que a Blair lo pueden neutralizar mucho más fácilmente. Que se lo pregunten si no a James Wolfensohn, que solo duró 11 meses en el mismo puesto (lo dejó en abril del 2006), y que en una reciente entrevista con el diario israelí Ha´aretz reconoció que su principal enemigo fue el gobierno de los EEUU.

sábado, 14 de julio de 2007

Shimon Peres

Jerusalén.- A sus 84 años años, Shimon Peres fue tres veces primer ministro y ministro de casi todo, incluyendo las decisivas carteras de Exteriores y Defensa. Su carrera en la Knesset o parlamento comenzó en 1959. Es decir, lo había sido todo excepto presidente. A partir de este 15 de julio será el 9º jefe de Estado de Israel.
A pesar de su dilatada carrera política, se le considera el gran perdedor. Siempre que fue Primer Ministro lo fue por un acuerdo de rotación o por la muerte del titular. Llevó al fracaso al Partido Laborista, en cinco elecciones. En su primer intento para ser presidente, perdió hace siete años. Y en el 2005, fue derrotado también en las elecciones internas de su partido. Pero no hay duda de que Shimon Peres, nacido en Bielorrusia como Shimon Perski, es uno de los personajes más emblemáticos de la historia del moderno estado de Israel.
Participó en la guerra de la Independencia y en sus comienzos recibió la protección de David Ben Gurion. Como ministro de Exteriores, fue el gran negociador de la Paz con los Palestinos. Esto le valió el premio Nobel, compartido con Rabin y Arafat, tras la firma de los Acuerdos de Oslo de 1993. Y en el ministerio de Defensa, a través de diversos cargos, edificó la impresionante capacidad militar del país y convirtió a Israel en una potencia nuclear. Hace menos de dos años abandonó el Partido Laborista y se unió a su archienemigo político, Ariel Sharon, que también había roto con los suyos para fundar el partido Kadima.
Un reciente editorial (14 de junio) del diario israelí Ha´aretz, decía que a pesar de no estar en el mejor momento de su carrera política, Peres sigue siendo un invitado bienvenido de presidentes y líderes de todo el mundo, conoce cómo abrir puertas, impulsar iniciativas, apagar fuegos. Y que el gobierno debiera ser lo suficientemente inteligente para aprovecharse de esto. El cargo de presidente es en Israel fundamentalmente representativo, pero la larguísima experiencia de Peres teñirá sin duda el cargo y hará más difícil la labor de su primer ministro.

Shimon Peres, que acabará su mandato cuando tenga 91 años, es el último representante en activo de la generación que fundó el Estado de Israel.

jueves, 12 de julio de 2007

Líbano, un año después

Jerusalén.- Nunca estuvo el sur del Líbano (y, por tanto, el norte de Israel), tan seguro como estos últimos meses. Treinta y cuatro días de guerra, 1.200 muertos y el posterior despliegue de los cascos azules de la ONU, dan una tranquilidad a Israel que, sin embargo, es absolutamente engañosa.

En efecto, Hezbollah sigue asentado en el sur del Líbano y se rearma. Ni el ejército libanés ni las fuerzas de la ONU pueden impedir el continuo flujo de armas procedentes de Siria e Irán. Líbano, además, está inmerso en una gravísima crisis política interna. El gobierno del primer ministro Fouad Siniora, no ha logrado imponer su autoridad en el conjunto del país y Hezbollah amenaza con un asalto al poder o un gobierno paralelo. Y lo que quizás es peor, al-Qaeda ha puesto un pie en el país a través del grupo Fatah al-Islam.
En Israel, la conducción de la guerra fue muy resistida. El llamado informe Winograd, en sus conclusiones provisionales, culpa al primer ministro, Ehud Olmert, al ministro de Defensa y a los responsables militares, de una mala gestión y planificación. La ministra de Exteriores, Tzipi Livni, compañera de gabinete y de partido del Primer Ministro, llegó a pedir la dimisión a Olmert.
La sensación que existe en Israel es que todos los frentes están como una olla a presión. La prensa no hace más que hablar de la posiblidad de una nueva guerra con Siria, impaciente por la devolución de los Altos del Golán ocupados por Israel en 1967 y anexados en 1981. Y en Gaza, Hamas sigue día a día atacando territorio israelí, como hacía Hezbollah desde el sur del Líbano.
Pero en la segunda guerra del Líbano se jugó algo más que un conflicto regional. Con el título de “Entonces... ¿ganamos?”, Ben Caspit publica hoy un análisis en el diario israelí Ma´ariv, en el que sostiene que Europa y Estados Unidos se movilizaron porque saben que si una fuerza pro-iraní (Hezbollah), toma el poder en el Líbano y al mismo tiempo se produce la retirada norteamericana de Iraq, se alentará el colapso de un islam moderado en Oriente Medio y la toma del poder por parte de los extremistas: “los egipcios, los jordanos, los saudíes, los israelíes, los americanos, los franceses, los británicos, los libaneses moderados, los estados del Golfo y todos los que apoyan la paz y la cordura en la región, se encuentran en un mismo bote que hace aguas”.
Y todo esto, además, con perspectivas de cambio político. Tanto Siniora, en el Líbano, como Olmert, en Israel, tienen las semanas contadas.