lunes, 5 de febrero de 2007

¡ Vuelve Menem !

El ex presidente argentino, Carlos Menem, anuncia a los 76 años su vuelta a la política y la intención de postularse nuevamente a la presidencia en las elecciones del próximo mes de octubre. Sin ninguna posibilidad dentro del justicialismo, ha tenido que crear un nuevo partido, Lealtad y Dignidad, para poder presentarse. Esto si no se retira antes, frente a la evidencia de que puede hacer el ridículo. En las últimas elecciones (2003) no quiso ir a la segunda vuelta ya que era evidente que podía sufrir una derrota humillante frente a Kirchner, pese a que él sacó un mejor resultado.

¿Qué impulsa ahora a Menem a volver ? Sólo hay una explicación, su afán desmedido y narcisista de protagonismo. Aunque no se prodiga por la calle para conocer el sentir popular, debe conocer, sin duda, que una reciente encuesta (septiembre de 2006) le otorgaba una imagen negativa del 86,5 % y sólo el 2 % expresó su intención de votarlo.

Estos datos indican que la memoria parece no haber abandonado aún a los argentinos que durante diez años (1989-1999) lo votaron reiteradamente, hasta que el espejismo de la estabilidad y el bienestar se vino abajo de manera dramática.

Que haya creado un partido al margen del peronismo no es extraño. El nunca fue peronista, aunque se crió en las filas del movimiento. Sus acciones de gobierno lo demostraron, aunque pretendiera encubrirlo con el argumento de que Perón hubiera hecho lo mismo. Es posible, Perón nunca fue tampoco un dechado de coherencia. Pero Menem se encargó, desde el primer momento, de dejar claro que lo suyo era otra cosa. O incluso la contraria. Su abrazo con el almirante Rojas y su alianza de facto con la familia Alsogaray, los más conspicuos representantes del gorilismo, no fueron sino una clara señal. Hacia el stablishment, para que lo admitieran en su club, reconversión ideológica mediante. Y hacia los peronistas de corazón, aquellos que recordaban a Evita, al Perón de su primer gobierno, que vieron abruptamente cómo el neoliberalismo en su versión más salvaje, sin anestesia, se convertía en la nueva política de ese presidente que había prometido revolución productiva y salariazo.

Para ello tuvo su propio Martínez de Hoz. Tuvo el honor de haber recuperado para la política al ilustre funcionario de la dictadura Domingo Felipe Cavallo. El mismo que estatizó la deuda privada en los estertores del gobierno militar. El mismo que en las postrimerías del gobierno de Alfonsín salió a pedir a los organismos internacionales de crédito que no auxiliasen a Argentina, provocando el desastroso colapso del primer gobierno de la democracia recuperada. El mismo que seguía cobrando un sueldo de la Fundación Mediterránea porque su sueldo de ministro no le permitía mantener su nivel de vida. El mismo que ató la moneda nacional al dólar. Y el mismo que se reenganchó con De la Rúa para acabar como todo el mundo sabe.

Y todo esto en medio de una corrupción generalizada, grosera y exhibida a todo color en las páginas de las revistas. Claro que la impunidad estaba asegurada desde el momento en que logró el propósito de copar la Corte Suprema de Justicia mediante el aumento del número de sus miembros. Julio Nazareno, jefe de policía en La Rioja durante la dictadura de Onganía y más tarde socio en el estudio jurídico del hermanísimo Eduardo Menem, será el presidente de esta Corte que asegurará al presidente que la justicia no sería un obstáculo a sus ambiciones de todo tipo.

El gobierno de Carlos Menem fue en un tiempo mimado en los ambientes internacionales, gracias sobre todo a las ventajosas condiciones que encontraron a la hora de hacerse con los saldos de las privatizaciones. Y también a sus condiciones de buen alumno frente a las exigencias de los acreedores. Pero parece que este nuevo intento de volver no constituye más que un patético esfuerzo por ganar un espacio que ya había perdido. En su exilio, Perón podía sentir el anhelo de las masas por su vuelta (Perón Vuelve, se pintaba clandestinamente en las paredes de Buenos Aires), pero a Carlos Menem nadie lo espera. Esa pesadilla ya se vivió.

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