lunes, 12 de febrero de 2007

Noticias de La Habana

Hace ya casi seis meses y medio que Fidel Castro se recupera en La Habana de una intervención quirúrgica de la que poco se sabe y mucho se especula. Periódicamente, el régimen emite unas imágenes de un octogenario Fidel y lanza mensajes positivos sobre su recuperación. Su hermano Raúl, que oficialmente asumió las riendas del poder, dijo el pasado sábado que sigue día a día mejorando. De creer al menor de los hermanos Castro, se le consulta, hace mucho ejercicio, tiene un teléfono al lado y lo usa bastante.

¿Ha habido un cambio con Raúl? Este pidió "discutir hasta la saciedad", aunque matizando que en el lugar adecuado, en el tiempo oportuno y de la forma correcta. A pesar de estas prevenciones, podríamos estar ante cierto aperturismo, pero de momento nada se nota.

Hablo de la cuestión con el escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, uno de las más conocidas figuras del exilio moderado, que desde hace décadas reside en Madrid. Y lo que me señala es que lo que está haciendo Fidel Castro, desde su lecho de enfermo, y simplemente con su propia presencia, es impedir que se tomen decisiones, ya que nadie quiere quedar en evidencia o sentirse desautorizado si Fidel retoma el mando. Me recuerda el caso del dictador portugués, Oliveira Salazar, que estuvo los dos últimos años de su vida física y mentalmente impedido, pero cuya sola existencia excluyó el menor cambio.

Siempre se distinguió entre dos exilios, el radical de Miami y el moderado de otros países, fundamentalmente España. Este, por cierto, minoritario. Y también se distinguió entre la oposición en el exilio y la interior, ésta muy reducida numéricamente y con pocas posibilidades de acción. Pero a medida que se acerca el "hecho biológico", eufemismo que algunos emplean para hablar de la muerte de Fidel, es evidente que hay un acercamiento de posiciones.

Por un lado porque los exiliados de la primera hora o han muerto o tienen la edad de Castro. En segundo lugar porque hacia el exilio también partió un importante contingente de hombres y mujeres que salió de la isla por razones fundamentalmente económicas y que reconocen algunos logros de la Revolución. Y en tercer término porque casi nadie quiere ya una revancha.

Una incógnita es saber qué actitud adoptará EE.UU. si Fidel muere antes de que Bush abandone la Casa Blanca. No menor es el interrogante si el inquilino en Washington es un presidente del Partido Demócrata.

La inspiración de una transición pacífica "a la española" sería el mejor escenario. Dejando que la población de la isla sea protagonista y evitando una intervención exterior, venga ésta de Washington o de Caracas.

No hay comentarios.: