miércoles, 7 de febrero de 2007

Celebración en Caracas

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de celebrar por todo lo alto (miles de personas desfilaron en Caracas ante un Chávez con uniforme militar de combate) el 15 aniversario del fallido golpe de Estado del hoy presidente, cuando era todavía un oficial del ejército. Una asonada que acabó con la muerte de 14 personas, entre civiles y militares, aunque la prensa de la época habló de alrededor de medio centenar.

Es cierto que el golpe del ´92 fue consecuencia de un creciente malestar popular con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, que nada más asumir su segunda presidencia implementó una política de choque, con aumentos de precios que golpearon como nunca a toda la población, especialmente a los más desfavorecidos. En el caracazo de febrero del ´89 la gente salió a las calles para expresar también su rabia contra una clase política que consideraba ineficiente y corrupta.

Pero el rumbo de estos 9 años de gobierno chavista, refrendado en las urnas, eso sí, muestra un país en el que el autoritarismo, potenciado por el militarismo, avanza a pasos agigantados. Y en el que la situación social no ha mejorado de forma sustancial. A pesar de que el precio del petróleo de ha multiplicado varias veces, el gobierno no ha sabido aprovechar la oportunidad para plantar las bases de un desarrollo serio, prefiriendo el reparto clientelista de ayudas sociales.

Tras su reciente reelección, Chávez solicitó a la Asamblea Nacional poderes especiales para gobernar por decreto los próximos 18 meses. Una petición insólita teniendo en cuenta que todos los diputados son oficialistas, gracias al error cometido por la oposición que retiró sus candidatos alegando falta de garantías.

Para el premio Nobel de la Paz y de nuevo presidente de Costa Rica, Oscar Arias, estos nuevos poderes son la negación de la democracia, haciendo un símil interesante: "hay una diferencia sencilla entre un dictador y un demócrata; si el demócrata no tiene oposición, su deber es crearla, mientras que el sueño del dictador es eliminar toda oposición".

Los planes de Chávez de buscar la reelección indefinida y su cerco a los contrapesos que necesita toda democracia, sobre todo el poder judicial y la prensa, son extremadamente preocupantes. Con la justicia transitó ya el camino que antes que él recorrieron Menem y Fujimori, ampliando los miembros de la Corte Suprema de Justicia con magistrados a su servicio. Además, manejó a su antojo a jueces de niveles inferiores, merced a la discrecionalidad para mantenerlos como provisionales o despedirlos cuando no eran sumisos.

El acoso a la prensa no es menor. Según recoge un informe sobre el 2006 de Human Rights Watch, "una serie de leyes aprobadas desde fines del 2004 han creado onerosas restricciones sobre los medios de comunicación que plantean una seria amenaza a la libertad de expresión". Menciona, en concreto, la Ley de Responsabilidad Social en la Radio y la Televisión, que establece detalladas regulaciones para el contenido de los medios audiovisuales. Los términos más importantes de la ley, sin embargo, están definidos en forma vaga y genérica, invitando a la autoridad a una aplicación políticamente motivada.

El anuncio de la no renovación de la licencia al canal más antiguo de televisión, Radio Caracas Televisión, "por golpista", marca también un nuevo paso, que ha provocado protestas mucho más allá del propio país. Curioso argumento, por cierto (el de golpista) para alguien con el historial de Chávez.

En marzo del 2005 se avanzó un poco más al entrar en vigor las modificaciones al Código Penal que aumentaron las penas para el desacato, la difamación y la calumnia.

"Socialismo o muerte", es la nueva consigna del presidente venezolano. "La Revolución Bolivariana es pacífica pero no desarmada", dijo también Chávez. Ideas que se dan de patadas con un concepto moderno de la democracia. Y que ni siquiera sirven para una revolución en serio, al servicio de las necesidades populares. Luis Miquilena, el que fuera mentor de Chávez y mucho tiempo su ministro del Interior, habla de un gobierno dictatorial y un autoritarismo hipócrita.

El historiador Manuel Caballero me decía en un reciente viaje a Venezuela que el gobierno de Chávez todavía no es una dictadura, aunque tampoco es ya una democracia. Y ¿qué es ese socialismo del siglo XXI que pretende abanderar Chávez? Me parece útil acudir también a Manuel Caballero, un hombre de clara trayectoria en la izquierda, que termina su libro "La pasión de comprender" con esta pregunta sin respuesta: "Con el exterminio de nuestra economía, el despilfarro de nuestros ingresos; con la pobreza creciendo cada día al mismo ritmo que las dádivas que ya no serán posibles porque el dinero ha ido a dar a un tonel sin fondo; con los militares haciendo y deshaciendo, y con la nomenklatura bolivariana engordando sus cuentas numeradas, ¿a cuál modelo de socialismo se parece más el que Chávez propone?".

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