sábado, 10 de febrero de 2007

Acuerdo en La Meca

El resultado de las elecciones legislativas de hace un año (25 de enero), que dieron la victoria al movimiento islámico Hamas, no solo fue un duro golpe a las posibilidades de un acuerdo negociado; también dio paso a un enfrentamiento armado entre las distintas facciones palestinas que ha llevado al caos sobre todo a la Franja de Gaza. Y que ha provocado 67 muertos desde el 25 de enero.

La victoria de Hamas supuso un boicot internacional de la ayuda extranjera a los palestinos, por su negativa a reconocer el derecho a la existencia del Estado de Israel, su rechazo a los acuerdos previos entre la OLP e Israel y su negativa a abandonar la violencia.

El acuerdo alcanzado en La Meca entre Mahmud Abbas, presidente palestino y cabeza de Al Fatah, y Khaled Mechaal, líder en el exilio de Hamas, y que está destinado a la formación de un gobierno de unidad nacional, no parece tener muchas perspectivas de futuro. Hamas no renuncia a la violencia; dice que respetará los acuerdos con Israel pero no se compromete a cumplirlos; y no hay reconocimiento explícito a Israel.

Esto supone una gran victoria para Hamas y el peor escenario posible. Aunque las primeras reacciones en EE.UU. y Europa son cautos, el resultado de lo negociado en La Meca no tiene nada que ver con lo que exigía la comunidad internacional: ningún gobierno palestino es aceptable si no hay un reconocimiento expreso de Israel. Y, por supuesto, tampoco puede haber un estado que recurra al terrorismo.

Lo peor de todo es que los moderados en el capo palestino se están quedando cada vez más solos. Y que la espiral de violencia sigue alimentándose de manera continua. Si faltaba combustible, ahí está la nueva crisis por las obras en la Explanada de las Mezquitas, una excusa para los radicales que dará que hablar.

En cualquier caso, ni siquiera es todavía una realidad ese gobierno de unidad nacional. Las partes se dieron nada menos que 5 semanas para llegar a un acuerdo sobre el reparto de poder. Y nada garantiza que antes se reproduzcan los enfrentamientos entre palestinos, como seguramente propiciarán los radicales, que dejen en papel mojado lo que se firmó bajo el auspicio del rey de Arabia Saudí.

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