jueves, 15 de febrero de 2007

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Si algo enfrentó seriamente a los intelectuales latinoamericanos en las últimas décadas ha sido su posición sobre la Revolución Cubana. La mayoría de los grandes nombres la apoyó en un primer momento, aunque poco a poco fue sufriendo abandonos.

El primer episodio que produjo una ruptura importante fue el llamado "caso Padilla". Recordemos el caso: el poeta Heberto Padilla (1932-2000), había ganado en 1968 un importante premio a pesar de la oposición del régimen. Varios escritores del jurado resistieron las presiones de Armando Hart, entonces ministro de Cultura, con la anuencia de Nicolás Guillén. Pero en 1971 fue finalmente arrestado por "contrarrevolucionario". Tras un período en prisión fue obligado a una vergonzosa confesión pública dictada por la seguridad del Estado, frente a sus compañeros escritores.

"Dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución, nada", era la doctrina oficial en ese momento. El control sobre los intelectuales lo ejercía Raúl Castro en colaboración con el director de la revista Verde Oliva.

El "caso Padilla" y la salida de Cuba del embajador de Chile, el también escritor Jorge Edwards, (en "Persona non grata" narra el caso), dividió aguas y famosos escritores del boom como Vargas Llosa rompieron con el régimen. Fue una época dura para los intelectuales críticos en la isla, mientras los de afuera vieron en algunos casos recortado su prestigio literario por razones meramente políticas.

Se conoció como "Quinquenio gris" el que va de 1971 a 1976, cuando decenas de intelectuales fueron marginados no solo por sospecha de contrarrevolucionarios (promotores de diversionismo ideológico), también fue común la acusación de homosexualidad, que entonces era un crimen.

Lo interesante hoy es que la aparición televisiva de dos conocidos censores de la época, el teniente Luis Pavón y Jorge Serguera, ha provocado un intenso debate (y rechazo) entre los intelectuales de hoy. Primero fue a través del correo electrónico, después hubo reuniones entre intelectuales y autoridades, tanto del Ministerio de Cultura como de la UNEAC, Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Se llegó a celebrar incluso una conferencia-debate en la que participaron más de 450 escritores.

Coincidiendo con la Feria Internacional del Libro, que estos días se celebra en La Habana, el escritor César López, Premio Nacional de Literatura de 1999, defendió públicamente el reconocimiento de autores considerados hasta ahora como enemigos del régimen y cuyos libros no han podido ser editados en la isla. Lo hizo en presencia de Raúl Castro y del ministro de Cultura, Abel Prieto. Y mencionó a escritores como Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reynaldo Arenas, Moreno Fraginals o Gastón Baquero (por cierto, extraordinario poeta que trabajó hasta su muerte en Radio Exterior de España).

Hace años esta posición no hubiera sido permitida. Sabemos que el régimen cubano sigue fiel a sus esencias, no hay cambios substanciales. Pero es extraordinario que este debate se esté produciendo, con una participación tan amplia de intelectuales que viven en la isla y sin que haya reacción negativa de las autoridades.

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