Solo pasaron tres días desde que Cristina Fernández de Kirchner asumiera formalmente su segundo mandato como presidente de la Argentina para que se hiciera oficial la virtual ruptura con la cúpula de la CGT, la Confederación General del Trabajo. En un acto en la cancha de Huracán, en el porteño barrio de Parque Patricios, con motivo del Día del Camionero, Hugo Moyano (máximo dirigente de los camioneros y de la CGT) anunció su renuncia a sus cargos en el Partido Justicialista (peronista), blanqueando sus profundas diferencias con el gobierno.
"Evita hay una sola", decía una enorme pancarta portada por los camioneros, en un evidente mensaje a la presidente. Era una vieja consigna en los ´70, dirigida entonces a Isabelita Perón, y el lema completo que se cantaba era "no rompan más las bolas, Evita hay una sola". Solo que quienes lanzaban el mensaje eran la Juventud Peronista (izquierda del movimiento) y los Montoneros, los sectores que hoy apoyan a Cristina.
La ruptura entre Moyano y la presidente, en realidad, es muy anterior. La muerte de Néstor Kirchner fue fundamental en la ruptura de la CGT con el gobierno. Desde la desaparición del ex presidente, Cristina solo recibió al dirigente sindical una sola vez. Y los mensajes cruzados se multiplicaron en los últimos tiempos, sobre todo cuando se elaboraron las listas de candidatos al Congreso y al Senado. Las listas fueron un diseño personal de la presidente, desde el primero al último de los nombres, y los sindicalistas quedaron reducidos a la mínima expresión: la única concesión fue incluir a Facundo Moyano, uno de los hijos del dirigente de la CGT.
El sindicalismo, que históricamente fue la columna vertebral del peronismo, y los sectores más tradicionales del partido, quedaron relegados. Al mismo tiempo, ganó un enorme espacio los jóvenes de La Cámpora, la agrupación juvenil que responde al liderazgo del hijo de la presidente, Máximo Kirchner.
La situación histórica es absolutamente diferente, pero todo recuerda el ambiente en los revolucionarios años ´70, cuando la derecha y la izquierda del peronismo se disputaban los espacios de poder dentro del movimiento. De esto hace ya casi 40 años, y en aquél entonces los enfrentamientos eran serios, incluso con las armas. Hoy, más allá de la retórica, quienes representan a la izquierda son funcionarios del gobierno con jugosos sueldos. Siguen hablando de la militancia, pero muchos viven en Puerto Madero y registran increíbles incrementos en sus patrimonios.
Con una situación internacional mucho más complicada, con las cuentas públicas más comprometidas y con menos recursos para distribuir, las proyecciones sobre el segundo mandato de Cristina Fernández no son tan favorables como hace 4 años. Y, si entonces inició su primer período confrontando con el campo, ahora empieza esta nueva etapa rompiendo con la CGT.
El discurso de Moyano en la cancha de Huracán anuncia un período de conflictividad, que en realidad ya se preveía cuando la presidente enrostró a los sindicatos hacer extorsión a la sociedad con sus continuas demandas. Antes, el gobierno desechaba el proyecto de ley de reparto de las ganancias en las empresas. Y, sobre todo, el anuncio implícito de que las próximas negociaciones salariales tendrán un techo. En medio también quedaron patentes las diferencias sobre la inflación: mientras el gobierno admite un 15 %, los sindicatos negociaron aumentos acordes con la inflación real, en torno al 25 %.
Es curioso que esta ruptura entre un gobierno peronista y los sindicatos. En el último gobierno de Perón, en un famoso discurso de 1974, el viejo general se ponía del lado de los sindicatos y sus dirigentes, frente a la juventud revolucionaria. El siguiente gobierno peronista, el del ultraliberal Carlos Menem, enfrentó a los sindicatos desde la derecha. Y ahora es un gobierno formalmente de izquierda el que intenta quebrar al movimiento obrero o, al menos, a esta dirigencia.
Aún con el 54 % de los votos conseguidos en las elecciones, Cristina Fernández enfrenta además otro posible frente de tormenta. La clase media, que mayoritariamente la votó, ve ahora cómo se viene un tarifazo en los servicios públicos (agua, luz y gas), que ya están afectando al consumo y al humor de los ciudadanos. Por más que las tarifas estaban sumamente retrasadas, de hecho congeladas desde la gravísima crisis del 2001, la popularidad de Cristina Kirchner puede verse seriamente afectada. "Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo", fue la célebre frase que dijo el ministro de Economía de Alfonsín, Juan Carlos Pugliese, en la crisis del ´89. La clase media argentina podría responderle también a Cristina con el bolsillo, aunque nadie puede seriamente defender la continuidad de los subsidios a los servicios públicos.
viernes, 16 de diciembre de 2011
LA CGT AL BORDE DE ROMPER CON CRISTINA KIRCHNER
Etiquetas:
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