Las elecciones de este domingo en Argentina deberían haber sido unas elecciones normales, como las que establece la Constitución a mitad del período presidencial de turno. Pero, en este caso, fueron mucho más que eso, desde el momento en que el matrimonio presidencial las planteó como un plebiscito sobre su modelo de gobierno. Y, planteada así la cuestión, el gobierno fue derrotado de una manera incontestable. Perdió la mayoría que tenía en ambas cámaras y perdió un caudal de votos inimaginable no hace tanto tiempo. No hay que olvidar que Néstor Kirchner dejó la presidencia hace menos de dos años con un altísimo índice de popularidad y que Cristina Fernández fue elegida con más del 45 % de los votos, lo que hizo innecesaria una segunda vuelta.
Teniendo en cuenta la división interna del peronismo, el resultado de este domingo es una derrota del kirchnerismo. Especialmente en la provincia de Buenos Aires, el principal distrito electoral del país. Ahí, planteado en términos personales, el vencedor es Francisco de Narváez, autodenominado peronista disidente. En realidad se trata de un millonario de origen colombiano que decidió entrar en política y cuya fortuna suscita algunas dudas. Derrotó a Kirchner afirmando que tenía un plan, aunque dada la absoluta falta de debate político, dicho plan se reduce a enunciados generales que cualquiera podría suscribir.
El gobierno perdió en las grandes capitales (cuarto lugar en la capital federal) e incluso en Santa Cruz, feudo de los Kirchner. Lo que demuestra que los votos de la clase media progresista, que respaldó su política de derechos humanos, el tratamiento de la deuda externa o la renovación de la Corte Suprema, castigaron ahora el hiperpresidencialismo y la falta absoluta de diálogo, como quedó demostrado en su conflicto con el campo. Los excelentes resultados conseguidos en la capital federal por el cineasta Fernando "Pino" Solanas, desde ahora segunda fuerza electoral capitalina, matizan lo que podría interpretarse como una victoria de la derecha, entendiendo por tal el PRO del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Francisco Macri. Solanas, candidato presidencial hace dos años, representa una izquierda nacionalista, sumamente crítico del matrimonio presidencial, como en su momento lo fue de Carlos Menem, a pesar de compartir un origen peronista con ellos.
Quedan todavía algo más de dos años para las próximas elecciones presidenciales, período en el cual el gobierno deberá cambiar su relación con el arco opositor, especialmente si la crisis económica y social se agudiza. La presidenta prometió diálogo cuando asumió en diciembre de hace dos años y no cumplió. Ahora, las circunstancias pueden obligarla a ello, aunque la marca de los Kirchner plantea dudas. Lo que habría que evitar, para que el país no sufra un desgaste innecesario en estos tiempos difíciles, es que la oposición se lance al desgaste del gobierno por cálculos políticos. Y sería fundamental retrasar el lanzamiento de la carrera presidencial para el 2011.
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