No será candidato a las elecciones presidenciales de octubre, pero Mauricio Macri es ya el principal adversario del presidente Kirchner en la arena política, cómodamente dominada en los últimos años por el presidente argentino. La elección de Macri como futuro jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires (alcalde, intendente) y, sobre todo, la contundencia de su triunfo (60,9 % en la segunda vuelta), lo convierten en el hombre que ejecutará el diseño de la oposición.
Macri ha conseguido vencer y convencer a un importante porcentaje de votantes que no pueden ser identificados con la derecha tradicional. Con una considerable fortuna personal, procedente de una familia de empresarios que prosperó con la dictadura y con el menemismo, Mauricio Macri ha sabido presentarse como una derecha no tradicional. A ello contribuyó de forma muy importante la elección de Gabriela Michetti como su compañera de fórmula. Una mujer que, desde su silla de ruedas, ha sabido no solo humanizar al candidato; también le ha dado un contenido al programa de gobierno que por sí solo Macri no podía hacer creíble.
Ricardo López Murphy, el fugaz ministro de Economía de Fernando de la Rúa, era hasta ahora el claro favorito de la derecha pura y dura. Pero será el futuro alcalde de Buenos Aires el que tenga la principal responsabilidad de ungir al candidato que enfrente a Kirchner, no importa cuál de los dos sea el candidato presidencial. Elisa Carrió, por la izquierda, el citado López Murphy, por la derecha, y el respetado Roberto Lavagna, gestor de la recuperación económica argentina hasta que se peleó con Kirchner, se disputan este espacio opositor.
Si no lo pierde la ambición, Macri debería cumplir su mandato completo como intendente de la capital argentina, marcando diferencias con la clase política tradicional. Es decir, haciendo una buena gestión, combatiendo de frente la corrupción y cumpliendo su programa, que no es el tradicional de la derecha.
La ciudad de Buenos Aires, contrariamente a la provincia, fue siempre esquiva al peronismo. Pero hasta la debacle del presidente de la Rúa (2001), era terreno de la UCR (Unión Cívica Radical). Con Macri el centro derecha pone un pie en un distrito de importancia. Y puede constituirse en el núcleo de oposición al kirchnerismo, no tanto en las elecciones de octubre como en las siguientes.

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