Estos días es motivo de polémica en Chile y Perú la emisión (frustrada, de momento), de una serie documental en tres capítulos sobre la Guerra del Pacífico (1879-1884), llamada Epopeya y que enfrentó a Chile, Perú y Bolivia. La serie iba a ser emitida por TVN, Televisión Nacional de Chile (canal estatal) y contaba con el aporte de historiadores de los tres países.
El presidente peruano, Alan García, presionó para que no se emitiera. El argumento, que muchos peruanos podrían ver la serie a través de la señal internacional de TVN y que ésto podría añadir tensión a unas relaciones bilaterales problemáticas, fundamentalmente por la cuestión fronteriza. La Guerra del Pacífico, también conocida como Guerra del Salitre, provocó grandes pérdidas territoriales en Perú y Bolivia, a favor de Chile.
Aunque TVN es un ente autónomo, su director es un antiguo portavoz del ex presidente Lagos. Y la sola sugerencia desde el gobierno para que no se emitiera surtió efecto inmediato. El lógico revuelo que esto ha causado llevó al canal y al gobierno a asegurar que no hay censura, y que se emitirá más adelante, seguramente este mismo año.
Lo que sorprende son dos cosas. En primer lugar que nadie haya tenido en cuenta el efecto multiplicador que la censura (de hecho) iba a tener. Una serie de televisión que, a lo sumo, podría provocar comentarios durante unos días, se ha convertido en un tema nacional (binacional, de hecho), ha consumido ya páginas y páginas de prensa y ha puesto en primer plano el problema que se quería ocultar.
En segundo lugar llama la atención que un hecho que sucedió en la segunda mitad del siglo XIX siga provocando esta polémica. Caulquiera que conozca Perú, Chile y sobre todo Bolivia, sabe que la cuestión fronteriza no ha encontrado una solución. Pero de ahí a censurar un documental televisivo, hay mucho trecho. Sobre todo porque parece que el asunto fue tratado con enorme cuidado. Se trata de una producción chilena pero los expertos de los otros países que intervinieron en el mismo han manifestado su absoluto respeto por cómo habían encarado el proyecto los productores. Es más, Bolivia, el país que salió peor parado del conflicto (perdió su litoral marítimo), sorprendentemente no dijo nada y estaría a favor de la emisión del documental.
Teniendo en cuenta la polémica que en España se desató con una cuestión similar, el de la Memoria Histócia, a propósito de la Guerra Civil (1936-1939), me sigue provocando asombro a este miedo por la historia. Está claro que no es una ciencia objetiva, pero evitar el debate, el recuerdo, siempre es la peor opción. A nadie tiene que hacer mal el conocimiento del pasado. La verdad siempre es un concepto ligado a la libertad.
El presidente peruano, Alan García, presionó para que no se emitiera. El argumento, que muchos peruanos podrían ver la serie a través de la señal internacional de TVN y que ésto podría añadir tensión a unas relaciones bilaterales problemáticas, fundamentalmente por la cuestión fronteriza. La Guerra del Pacífico, también conocida como Guerra del Salitre, provocó grandes pérdidas territoriales en Perú y Bolivia, a favor de Chile.
Aunque TVN es un ente autónomo, su director es un antiguo portavoz del ex presidente Lagos. Y la sola sugerencia desde el gobierno para que no se emitiera surtió efecto inmediato. El lógico revuelo que esto ha causado llevó al canal y al gobierno a asegurar que no hay censura, y que se emitirá más adelante, seguramente este mismo año.
Lo que sorprende son dos cosas. En primer lugar que nadie haya tenido en cuenta el efecto multiplicador que la censura (de hecho) iba a tener. Una serie de televisión que, a lo sumo, podría provocar comentarios durante unos días, se ha convertido en un tema nacional (binacional, de hecho), ha consumido ya páginas y páginas de prensa y ha puesto en primer plano el problema que se quería ocultar.
En segundo lugar llama la atención que un hecho que sucedió en la segunda mitad del siglo XIX siga provocando esta polémica. Caulquiera que conozca Perú, Chile y sobre todo Bolivia, sabe que la cuestión fronteriza no ha encontrado una solución. Pero de ahí a censurar un documental televisivo, hay mucho trecho. Sobre todo porque parece que el asunto fue tratado con enorme cuidado. Se trata de una producción chilena pero los expertos de los otros países que intervinieron en el mismo han manifestado su absoluto respeto por cómo habían encarado el proyecto los productores. Es más, Bolivia, el país que salió peor parado del conflicto (perdió su litoral marítimo), sorprendentemente no dijo nada y estaría a favor de la emisión del documental.
Teniendo en cuenta la polémica que en España se desató con una cuestión similar, el de la Memoria Histócia, a propósito de la Guerra Civil (1936-1939), me sigue provocando asombro a este miedo por la historia. Está claro que no es una ciencia objetiva, pero evitar el debate, el recuerdo, siempre es la peor opción. A nadie tiene que hacer mal el conocimiento del pasado. La verdad siempre es un concepto ligado a la libertad.

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