El próximo 28 de junio habrá elecciones en Argentina, que renovarán parcialmente el parlamento. Pero ese mismo día los uruguayos eligen en elecciones internas sus candidatos para las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre. Esta consulta de Uruguay marca claramente las diferencias con el sistema y los usos a uno y otro lado del Río de la Plata.
En primer lugar hay elecciones internas. Es decir, no hay nungún aparato partidario que imponga su candidato, y mucho menos el dedazo del presidente saliente como hizo Kirchner con su esposa, al mejor estilo del PRI mexicano de sus buenos tiempos.
El mapa político de Uruguay se consolidó en las últimas elecciones con la victoria del Frente Amplio. Hasta entonces, dos partidos tradicionales se alternaban en el gobierno, el Blanco y el Colorado, más a la derecha el primero, de centro izquierda el segundo. Pero la victoria de Tabaré Vázquez y su buen gobierno instalan definitivamente al Frente Amplio (FA) como una de las fuerzas políticas fundamentales del país.
En el FA la disputa se da entre José Mugica y Danilo Astori, muy populares ambos y que ocuparon sendas carteras ministeriales en el gobierno de Tabaré Vázquez. Mugica es un antiguo mmilitante tupamaro, y ocupó la cartera de Agricultura, mientras que Astori es un respetado economista que fue ministro de Economía. Representan, evidentemente, las dos alas del Frente Amplio. Pero lo ejemplar es que salga quien salga de la consulta del día 28, hay cierto consenso en que el que gane será candidato a presidente, el que pierde lo acompañará en la fórmula como candidato a vicepresidente.
Las elecciones de octubre tienen el voto obligatorio, no así las internas. Pero todo indica que la participación andará en torno al 50 %, porcentaje más que apreciable para loo que sucede en muchos países europeos, donde el voto es voluntario.
Por cierto que en Uruguay no hay reelección. Y un tímido intento para cambiar esta situación mediante un cambio constitucional, no salió adelante y fue rechazado por el presidente, que saldrá del gobierno con un alto índice de popularidad.
Y una última diferencia sobre las dos elecciones: mientras en Uruguay nadie teme irregularidades, en Argentina hay ya numerosos artículos en la prensa sobre lo ocurrido en otras elecciones y lo que se teme se repita en estas. Sin hablar, por cierto, de las maniobras para la compra de votos, sea de forma abierta o encubierta, como el manejo de fondos, ayudas, subsidios, etc, para el voto cautivo de los más pobres.
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