viernes, 15 de mayo de 2009

Chávez y la lectura

Al lado de la Opera de Berlín y sobre la majestuosa avenida Unter den Linden, está la Bebelplatz, una de las más hermosas plazas de la capital alemana. Allí, el 10 de mayo de 1933, los nazis procedieron a la quema de más de 25.000 libros. Hoy, un discreto monumento recuerda una de las atrocidades cometidas por el régimen hitleriano, que solo se vio superada por la sangre de los millones de sus víctimas.

Muchos años más tarde, en la Argentina de los militares genocidas (Videla y sus compañeros de armas), también se quemaron libros. Es famosa la anécdota, grotesca, de un militar que echó al fuego un tratado de cubismo pensando que se trataba de un texto sobre la Cuba de Fidel Castro. Antes, muchos argentinos quemaron preventivamente sus bibliotecas o las enterraron en sus jardines, conscientes de que algunos títulos en su poder podían significar la muerte para sus propietarios.

El gobierno de Venezuela anuncia ahora un gigantesco Plan Revolucionario de Lectura (PRL) para fomentar el socialismo del siglo XXI. "Leer, leer y leer, consigna de todos los días", dijo Chávez al anunciar el plan. Pero lo que podría haber sido una extraordinaria y loable iniciativa, se convierte en una burda manipulación de las conciencias que antes que fomentar la libre circulación de las ideas y el espíritu crítico en los ciudadanos, pretende un adoctrinamiento propio de los totalitarismos.

Con dinero de todos los ciudadanos, las bibliotecas se verán inundadas de libros con los discursos de Chávez, o por textos como "Por qué soy chavista", del ex ministro del Poder Popular para la Cultura, Farruco Sesto, hoy ministro de la Vivienda. El mismo, por cierto, que en una carta a Joan Manuel Serrat, que se solidarizó con Alejandro Sanz cuando fue vetado para su presentación en Caracas, escribió en un mensaje al cantautor catalán: "Yo no estoy seguro de poder calificar a Venezuela como el país más libre del mundo, pero de lo que sí estoy seguro es de que éste es un país tan libre como cualquiera pueda serlo, y desde luego mucho más, por ejemplo, que los EE.UU. o la propia España. Donde a cada rato, y tú lo sabes, se cierra o se multa un periódico (sic), se prohibe un partido o se enjuicia a unos muchachos por quemar una fotografía en público". Habría que aclarar que Farruco es en realidad Francisco de Asís Sesto Novás, español de nacimiento.

Pero los lectores no podrán leer el libro "Por qué no soy chavista", del historiador venezolano Manuel Caballero. Seguramente tampoco ninguno de los libros de Teodoro Petkoff, dos intelectuales de izquierda que no cumulgan con el chavismo.

Hace un tiempo le pregunté en Caracas al entonces ministro de Educación, el profesor Aristóbulo Istúriz, acerca de los libros de texto para la enseñanza de la historia en los colegios. No pude obtener un libro de texto ni una respuesta real. Hoy, el gobierno muestra abiertamente sus planes. Sin olvidar las trabas ya existentes para la importación de libros. Los dólares necesarios no se consiguen a menos que el importador demuestre que los títulos no se editan en el país o que los autores locales no han tratado la misma temática (nuevamente sic).

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