sábado, 9 de junio de 2007

La vuelta de Fujimori

Cuando Alberto Fujimori dio el autogolpe del 5 de abril de 1992, uno de sus objetivos fue ajustar cuentas con su antecesor, Alan García. Tan claras estaban sus intenciones que éste pasó a la clandestinidad, huyó del país y tuvo que soportar un largo exilio.
Pero las cosas han cambiado mucho y la política exige a veces olvidos y cambios inesperados. La recomendación de la fiscal de la Corte Suprema de Chile, Mónica Maldonado, a favor de la extradición de Fujimori, supone para García un contratiempo. Puede complicarle internamente su relación con el post-fujimorismo, liderado por su hija Keiko Sofía, vital para el presidente que no cuenta con la suficiente mayoría en el Congreso.
Con 15 parlamentarios (encabezados por Keiko Fujimori, la diputada que mejor votación consiguió en las pasadas elecciones), Alan García y Fujimori tienen algo que ahora le une, su oposición al militar ultranacionalista Ollanta Humala, principal fuerza de oposición. Por eso, el eventual regreso de Fujimori a Perú, enfrentando a la Justicia, pondría a prueba la alianza política entre el APRA, el partido oficialista, y Sí Cumple, nombre que agrupa a los seguidores del Chino, como todo el mundo llama en Perú al extraditable ex presidente.
Si finalmente se produce la extradición, Fujimori deberá enfrentar dos causas relacionadas con los Derechos Humanos, como las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, y otros nueve relacionados con corrupción. Las evidencias encontradas por la fiscal fueron demoledoras, según propia confesión.
Buena ocasión para un reencuentro con la justicia peruana que en el ´92 fue depurada por el propio Fujimori. Todavía recuerdo la tanqueta que durante semanas se instaló el mismo 5 de abril del ´92 en la escalinata del Palacio de Justicia, frente al hotel Sheraton. Fue, quizás, la mejor imagen para entender lo que Fujimori pretendió con su acción: instaurar un gobierno sin ningún control, para hacer y deshacer en el terreno político y también para que su grupo y su alter ego, Vladimiro Montesinos, llevaran a cabo sin problemas su labor de rapiña.
Para todos habría sido mejor que Fujimori siguiera en Japón. No solo para Alan García; a Chile, que oficialmente enfoca el problema como un caso estrictamente judicial, también le habría evitado enfrentar una cuestión que puede irritar a su vecino. Y esto en un momento en el que las relaciones bilaterales vuelven a sufrir algunas sacudidas derivadas del problema fronterizo.

No hay comentarios.: