Argel.- El sistema político argelino, formalmente pluripartidista, mostró en las elecciones legislativas de este 17 de mayo sus grandes limitaciones. La apatía general se refleja claramente en el índice de participación, pese a la intensa propaganda oficial animando a votar. El atentado de la víspera en Constantina sirvió al gobierno para decir que acudir a las urnas era votar por la democracia y contra el terrorismo. Pero lo que alentó el abstencionismo no fue ni el llamamiento al boicot de la rama magrebí de Al Qaeda ni el miedo al terrorismo; fue, simplemente, hastío ante una clase política que, esencialmente, sigue siendo la misma desde que el país accedió a la independencia, desconfianza ante la limpieza del proceso y rechazo a la corrupción que encarnan estas élites políticas.
Son los jóvenes, mayoría en el país (el 66 % tiene menos de 30 años), los que sufren especialmente la frustración del desempleo y la falta de horizonte, y los más desilusionados con el sistema. La bonanza petrolera ha permitido que Argelia haya reembolsado casi la totalidad de su deuda externa y que sus reservas, a fines del año pasado, llegaran casi a los 80.000 millones de dólares. Pero los beneficios no llegan al pueblo y hay dudas sobre la voluntad de reorientar la renta petrolera hacia una inversión productiva.
La vieja guardia del ex partido único FLN (Frente de Liberación Nacional), que luchó por la independencia, está al borde de su vida útil. Y los militares, que integran el apartado anterior y siguen siendo el verdadero poder (político y económico), suscitan distinto grado de rechazo. Quizá se salva el presidente, Abdelaziz Buteflika, reelegido en abril del 2004 para un segundo mandato de 4 años, pero que está enfermo. Y que se beneficia de una intensa propaganda oficial en la televisión oficial, la única, que sigue sus pasos momento a momento, con una veneración más propia de una dictadura.
Participaron en las elecciones 24 partidos. Pero, junto al FLN, solo RND (Asamblea Nacional Democrática), escisión desde la tecnocracia del anterior, tiene un grado de representación importante, aunque no le hace sombra al FLN. El principal partido de la oposición, el Frente de Fuerzas Socialistas, fuerte sobre todo en la Kabilia, rehusó participar por segunda ocasión consecutiva, al considerar que no había transparencia en el proceso. La herencia del FIS, el ilegalizado Frente Islámico de Salvación (desde que ganó las elecciones de 1991), se la disputan sin mucho éxito algunos pequeños partidos, domesticados y cooptados por el gobierno.
En los próximos años Argelia se enfrentará a la necesidad de llevar a cabo un cambio político genuino. Si el azote del terrorismo no vuelve a cruzarse en el camino de este país, donde una vez se habló de socialismo árabe y que hoy está en el punto de mira de Al Qaeda para desestabilizar el norte de África y amenazar las puertas de Europa.

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